Felicidad y trabajo

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¿Cuántas veces nos hemos sentido profundamente infelices en nuestros trabajos? Dedicamos una gran parte de la vida a trabajar y por tanto es esencial analizar algunos de los factores más importantes de cómo ese tiempo influye en nuestras vidas.

Partamos de la base del origen del término “trabajar”. Proviene de la voz latina “tripariar” lo cual significaba “torturar a una persona hasta la muerte mediante el tripario, un instrumento que insertaba tres varas en el cuerpo por distintos orificios y que no frenaba hasta que juntaban sus puntas”. No parece un buen augurio el de la semántica de su origen, pero tampoco parece casual que hasta un 80% de los trabajadores del mundo se sientan insatisfechos con sus trabajos. Además podemos añadir que el estrés derivado de los trabajos que desempeñamos es la principal causa de muerte en el mundo.

Tradicionalmente los trabajos eran mucho más físicos, lo cual, a pesar del agotamiento del cuerpo propiciaban poder relajar la mente, además de ejercitarnos y realizarlo al aire libre. Hoy en día la mayoría de los trabajos se han convertido en una verdadera trampa mental que muchas veces, a pesar de permitirnos satisfacer nuestras necesidades básicas, nos minan el equilibrio mental y la salud.

Si buscamos la razón de estos factores podríamos indicar varios. El primero de todos es que la calidad del empleo ha disminuido mucho y lo seguirá haciendo. La era tecnológica elimina cada día más puestos humanos que son sustituidos por máquinas. Cada vez quedan menos puestos y estos tienen más carga de trabajo. A eso hay que añadir que cada vez somos más seres humanos poblando La Tierra, y con un crecimiento de casi mil millones a la década. Otro de los factores es el modelo económico de las empresas, en el que sólo se contempla el avance a través del crecimiento. En un período de recesión como en el que nos encontramos la única forma de mantener este crecimiento es a través del abaratamiento de los costes que muchas veces se traduce en despidos y la asunción de todo ese trabajo por parte de los trabajadores restantes.

Este es el panorama. Nada positivo. ¿Pero qué podemos hacer nosotros ante este reto?

Podemos formarnos, buscar nuevos campos de interés, nutrir nuestro talento de conocimiento para prepararnos para afrontar el cambio. Necesitamos actividad. Cambiar nuestra actitud de queja y renovarla por la energía de querer mejorar. Vamos a dedicar casi dos de cada tres minutos de nuestra vida trabajando, busquemos una actividad que nos guste. Por supuesto no rendirnos, ya que esa sería la única forma de fracasar. Si en un momento dado no se lograra trabajar para otros, a lo mejor es el momento de emprender, de crear nuestra forma de hacer las cosas, y hacernos dueños de nuestra situación, de nuestra salud financiera y de nuestro tiempo.

Muchas personas se están reinventando como respuesta a esta crisis duradera. No será fácil, pero sin duda será bonito, ya que no hay tiempo mejor invertido que aquel que te estás dedicando a ti a través de las acciones que te llevan a alcanzar tus propósitos y sueños. Ser feliz en el trabajo es posible, pero requiere de nuestra valentía, nuestro compromiso y nuestra decisión firme y clara de lanzarnos a por ello. Yo lo hice, y si yo fui capaz, tú sin duda, también lo serás. El camino ha sido difícil, pero no cambiaría ni uno solo de los días que he vivido para llegar hasta aquí. Hazlo con pasión o cambia de profesión.

2 Comentarios

  1. Avatar
    Raquel octubre 22, 2020 en 9:31 am - Responder

    Preciosa reflexión……
    Me animo al cambio
    Apuesto por el cambio
    Y voy a por ello.
    Gracias

  2. Avatar
    Macu octubre 22, 2020 en 3:21 pm - Responder

    Gran reflexión….Sobre todo me quedo con esto «… valentía, compromiso y decisión de ir a por ello». Sin dudarlo, me apunto. Gracias Carlos

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